Visión Celta 2

Las investigaciones posteriores a la publicación de Los poemas de Ossián demostraron que los monjes irlandeses transcribieron en lengua gaélica, desde el siglo IX, muchas leyendas celtas paganas. La cronología de los textos épicos irlandeses va desde el siglo VI o V a.C., hasta el período escandinavo de las invasiones normandas, el IX. A lo largo del siglo XIX y principios del XX fueron muchos los estudiosos dedicados a desentrañar estos textos. Todos ellos, a decir de Jean Markale, no llegaron a comprender su verdadero valor, dado que este tipo de litaratura “es tan completamente diferente de la elocuencia romántica de Macpherson, tan completamente distinta de las epopeyas mediterráneas que sorprende”. Durante décadas, en Europa, el normal referente cultural sobre el que se retornó fue el greco-latino. El caminante sobre el mar de nubes, pintura de Caspar David Friedrich.El romanticismo impuso otros rumbos, y ya nuestro siglo (se refiere el autor al siglo XX) recuperó como novedosas otras manifestaciones culturales que se vinieran considerando como primitivas. El inconsciente colectivo necesitaba de un pasado aún más incierto más nebuloso. Demasiados mitos y leyendas se habían erosionado por la acción racionalista y, como afirma Michel Bréal, “en el instante mismo que el mito se explica, se desvanece”. Para Markale, los sueños y la poesía que éstos encierran es una parte sagrada: “Tocarlo es algo sacrílego y conlleva su destrucción. 

Basados en todos estos datos (recordemos antes el período medieval y la leyenda de Arturo y los otros héroes del ciclo, insertos en este ámbito geográfico), ¿podría hablarse de una tradición cultural y literaria contemporánea de origen céltico?. ¿Acaso los posibles herederos de aquellos bardos fueron Swift, Sterne, Goldsmith; o más contemporáneamente Oscar Wilde, Bernard Shaw, Synge, Yeats, Lady Gregory, Lord Dunsany, Machen, Joyce, O’casey, entre un largo etcétera?. W. B. Yeats habla de “elemento céltico”, es decir, de una características comunes, aisladas, pero muy influyentes en el ser íntimo y cultural de los habitantes de las regiones celtas por excelencia de la Gran Bretaña: Irlanda (ambas) -fundamentalmente- que no fue ocupada hasta el siglo IX, los montes de Escocia (Highlands) y el extremo sudoeste de Inglaterra, o sea el condado de Cornualles; las tierras de Tintagel, el castillo arruinado del Rey Arturo, sobre unas rocas frente al mar. Este elemento céltico, de carácter, sobreviviera a otras culturas. Todas estas regiones tenían una lengua propia derivada de un mismo tronco. El sustrato religioso primitivo flotaba ahora diversificado entre el catolicismo irlandés, el calvinismo escocés y galés, y el anglicanismo de Cornualles.

Leave a Reply